Sobre los paraísos fiscales y su rol para consolidar la pobreza

Pamela Aguirre, Parlamentaria Andina

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Ocho hombres en el mundo tienen la misma riqueza acumulada que 3.600 millones de personas juntas. Esta cifra, presentada en el Foro Económico Mundial, Davos, 2017, revela la injusta concentración de la riqueza en pocas personas frente a la carencia de miles de millones de otras. El mundo tiene la obligación de indignarse ante esta terrible realidad causante de los males que asechan a la humanidad: el hambre, la desnutrición, la pobreza extrema y la violencia.
Si nos preguntamos ¿Cómo llegamos a esta acumulación excesiva de riqueza en pocas manos?, una de las respuestas es la evasión fiscal. La clase alta construye caminos seguros para no cumplir con sus impuestos y deja de pagarlos, perjudicando así el desarrollo igualitario de una nación al privar a la clase baja de los derechos a educación, salud, infraestructura, vialidad, seguridad, entre otros, que se financian a través de diversas fuentes, siendo una de ellas la recaudación de impuestos.
Defraudar al fisco es un acto inmoral que está acompañado de una elaborada trama de actores cuya sede, generalmente, es algún país denominado “paraíso fiscal”, pues, como su nombre lo indica, resulta un edén para los evasores de miles de millones de dólares en impuestos.
Los paraísos fiscales son agujeros negros de la fiscalidad que permiten la fuga de miles de millones de dólares, especialmente de países en desarrollo, y que generan un perjuicio social directo al dejar sin financiamiento servicios públicos necesarios para la ciudadanía. Son espacios también, como demuestran los ‘Panamá Papers’, que facilitan todo tipo de actividades delictivas que van desde la evasión tributaria hasta el terrorismo.
Ecuador comprendió muy bien esta realidad y los combatió bajo el liderazgo del expresidente Rafael Correa Delgado (2016), quien en uno de sus editoriales publicado en el HuffPost denunció:
“La creciente red internacional de paraísos scales es uno de los factores clave causantes de desigualdad, ya que permiten que los más ricos del mundo no paguen impuestos o paguen mucho menos de lo que deberían. Aunque el turbio entorno de los paraísos scales di culte la obtención de cifras exactas, una de las es maciones más bajas indica que hay 7,6 billones de dólares escondidos en paraísos scales. [...] solo en los dos úl mos años, se es ma que la suma ascienda a 3000 millones de dólares, justo por debajo de la can dad necesaria para la reconstrucción del horrible terremoto que nos sacudió el pasado abril (2016)”.
A través de un histórico Referéndum Constitucional, la ciudadanía ecuatoriana expresó su voluntad de impedir que funcionarios públicos mantengan patrimonios o capitales en los países constituidos como “paraísos fiscales”, el SI se impuso con el 55,12 % de electores, de acuerdo a los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral del Ecuador (2016). Así se prohíbe a quienes mantienen conflicto de intereses con el fisco, asumir un cargo de decisión sobre este, es decir, que no puedan crear leyes o políticas públicas para su beneficio personal o de un grupo minoritario de la sociedad.
Este Referéndum felicitado por varias organizaciones como la Red de Justicia Fiscal América Latina y El Caribe, entre otras y presentado ante la ONU para alcanzar un desarrollo social equitativo, consolida al Ecuador como líder de una causa mundial que constituye un urgente llamado a los países del mundo a construir políticas públicas y legislación a favor de las grandes mayorías y no de pequeños grupos económicos. No es posible continuar considerando esta realidad como normal.
El dinero es una herramienta de bienestar, los impuestos son el justo precio de vivir en sociedad. ¡Recuperemos el Pacto Social: Que la riqueza de las naciones regrese a sus pueblos!
Publicado originalmente en revista El Cóndor.