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Lenín Moreno: un año de deslealtad y desgobierno

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Pamela Aguirre Zambonino

Ha transcurrido un año desde que se produjo el traspaso de mando entre Lenín Moreno y Rafael Correa, quien gobernó el país por una década, un hito importante en Ecuador que había atravesado una crisis política sin precedentes con siete presidentes en 10 años. Todas las profecías, predicciones y pronósticos daban por descontado que Moreno (quien acompañó en la fórmula electoral y de gobierno a Correa entre 2007 y 2013) iba a ser el continuador del proyecto de Revolución Ciudadana.
El 24 de mayo de 2017, al asumir sus funciones en el salón plenario de la Asamblea Nacional, destacó el legado de Correa. "Hoy concluye una época que deja al país con objetivos más claros. El futuro lo estamos construyendo hace 10 años. Son 10 años de la recuperación, del autoestima, del orgullo, del sentido de pertenencia de los ecuatorianos.", dijo al tiempo de hacer un repaso de los avances en diversas áreas, entre ellas educación y salud. "Los pueblos hacen la historia, pero los líderes aceleran los procesos. Está revolución tienen un nombre: Rafael Correa Delgado", apostilló.
Con el paso de los días, esos elogios y reconocimientos para con su antecesor fueron diluyéndose y mutando en agrios cuestionamientos y acciones que claramente marcaban una diferencia con Correa (‘que si la mesa no estuvo servida’, ‘que heredó una situación económica crítica’, ‘que el país había estado en manos de mafias’), invitó al Palacio de Gobierno a Abdalá Bucaram Pulley (hijo del derrocado presidente Abdalá Bucaram Ortiz), se reunió con los jerarcas de la banca privada, con los propietarios de los medios de comunicación privados (lo que se habló en esa reunión nunca se informó a los ciudadanos); le concedió por 100 años el uso de la sede a la Confederación de Nacionalidades Indigenas –CONAIE- y revivió a la Unión Nacional de Educadores (UNE), organización que sumió en los peores niveles de calidad a la educación, y corrompía a los estudiantes del país.
Lenín Moreno desde el primer día buscó diferenciarse de su antecesor y se alejó de la base política que lo llevó al poder y privilegió la agenda anti-Correa relegando a todos los sectores que impulsaron su elección. Se acercó a los sectores más recalcitrantes del estatus quo: las cámaras empresariales, Estados Unidos, el Partido Socialcristiano, el Partido Roldosista Ecuatoriano (actualmente Fuerza Ecuador), los medios privados (con quienes mantiene un pacto de facto), la Asociación de Bancos Privados, la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE).
A diferencia de Moreno, en su primer año de gobierno Rafael Correa se enfrentó con valentía al estatus quo, los grupos tradicionales de poder, los medios de comunicación, la banca y las organizaciones empresariales. Dejó en el camino a varios líderes políticos tradicionales iniciando su lucha contra la denominada partidocracia. Sin diputados, se enfrentó al Congreso de la Partidocracia y e impulsó la convocatoria, con el apoyo del pueblo, de la Asamblea Constituyente, quizá uno de sus mayores logros políticos en el inicio de su periodo.
En un año, Rafael Correa se apuntó otro triunfo cuando la Asamblea Constituyente aprobó su proyecto de Ley Tributaria que obligó a pagar más impuestos a quienes más tienen, y cuya legalidad cuestionó la oposición, esa que actualmente aplaude a rabiar a Lenín Moreno.
Moreno, en un año, no ha hecho nada por cobrar los 2.600 millones que los grandes grupos económicos le deben al Estado. Y entregó el manejo del dinero electrónico a la banca privada.

Correa en su primer año empezó a sentar las bases para un cambio en busca de la equidad. Moreno, en cambio, impulsó la derogatoria de la ley para erradicar la especulación del suelo.

Por otro lado, en el gobierno anterior se entregaron textos escolares, uniformes y alimentación gratuitos a todos los estudiantes del sistema público de educación y se eliminó las denominadas “contribuciones voluntarias”, monto económico que debían pagar los padres de familia. En el gobierno actual, se abrió la puerta para el retorno de esas contribuciones. Además ha habido un evidente deterioro en la calidad del servicio de las instituciones públicas, han vuelto las extensas filas para recibir atención en los hospitales.
El gobierno de Lenín Moreno ha recibido en los últimos meses un ingreso no previsto de 1.000 millones de dólares por los excedentes de las ventas del petróleo, además del presupuesto de 8.000 millones de dólares aprobado por la Asamblea, lo cual debería haberse concretado en la construcción de obra pública. El “Plan Casa para Todos”, ofreció entregar 325.000 viviendas, el mandatario ha admitido que solo han construido 20 mil. Hay abandono del campo, se multiplican las protestas de los agricultores en Manabí, Guayas y Los Ríos; que se suma al irresponsable manejo de la situación de seguridad en la frontera.
Se puede seguir enumerando algunos hechos que contrastan las dos gestiones, si bien se dice que las comparaciones son odiosas, no obstante, los hechos factuales que marcan la diferencia entre Rafael Correa y Lenín Moreno es que mientras el primero sembró las bases para dejar atrás un Estado ineficiente, desorganizado y caótico, con mayor fuerza desde la vigencia de la nueva Constitución, el segundo propició el retorno de la inestabilidad política, el atropello al debido proceso y al Estado de derecho, y la violación flagrante de la Constitución a través de la instalación de esa mini constituyente (o destituyente) que es el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social de transición.
El señor Moreno habló mucho sobre la ética en su informe en la nación. ¿Es ético haber utilizado un proyecto político, a sus líderes (a quienes llamaba amigos) para llegar al poder y luego traicionarlos?